El porqué

Junto a dos compañeros de universidad: Raúl y Vasco. Los tres pobres como las ratas. Salíamos los fines de semana de invierno, a los pueblos a payar en cuartetas.

Nos enfrentábamos a verso limpio, con desafíos subidos de tono, que se suponían improvisados, pero eran de memoria.

Todo era trucado, igual que en la lucha libre con sus combates de mentira.

La gente se reía, nos aplaudía. Agradecida nos compartía su vino y sus empanadas chilenas. Lo mejor de todo: las chicas del lugar, salían a bailar huaracha con nosotros, antes que con los del pueblo.

A los tres, nos hubiera encantado tener a la mano las herramientas de aprendizaje, para dominar el arte del verso improvisado y poder expresarnos de verdad.

Pero no había cómo. Menos en Temuco, muy lejos de los cultores verdaderos. Y nos quedamos así, sin poder lograr ese sueño.

Raúl murió en noviembre del 2012 en un hospital de Antofagasta y Vasco murió en marzo del 2017 en un hospital de Rancagua.

Hoy fomentando esas herramientas, principalmente en Ecuador.

IDEA CLAVE
“…las dotes del improvisador no son dotes innatas. . . Al contrario, . . . la ‘magia’ de la improvisación, si la hay, se basa en una ‘técnica’. . .”

Prólogo de Maximiano Trapero al libro de Alexis Diaz-Pimienta, “Teoria de la Improvisación”.